lunes, 2 de febrero de 2009

Esta la coloco aquí. Y esta aquí. Casi está. No, espera: hay que sacar esa
y poner esta otra en su lugar. Sí, así está bien.
Vas colocando piezas hasta formar un todo con entidad propia.
Te equivocas. Sacas una pieza. Pruebas con otra. El resultado
no es el que buscas.
Desmontas una parte. La vuelves a colocar.
Y eso es precisamente la vida. Un continuo movimiento de piezas. Ahora
muevo la sal de la vida, el amor, para este lado. Los lamentos que me
anclan al pasado, esos, los dejo a en esta zona, junto al enfado. Tengo
en mis dedos el arrepentimiento, que es sincero y lo quiero aquí cerca
de la sinceridad. La envidia, aunque pequeña, también existe. Es esta
pieza. La dejo entre el orgullo y el egocentrismo. El odio, la bondad...
tantas y tantas piezas; pequeñas, grandes, cuadradas, octogonales,
con aristas, sin ellas, las muevo una y otra vez buscando un equilibrio
que a veces sí encuentro. Y avanzo......

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