Una atípica historia de amor
Él padece fobia social y depresión crónica; ella, ataques de pánico y trastorno bipolar. Ambos pensaban que morirían solos en el mundo. Un día, sin embargo, coincidieron en la sala de espera de la consulta del psiquiatra. Él enseguida se fijó en aquellas manías obsesivo-compulsivas de ella, tan meticulosas, y que con gran pudor la mujer trataba de ocultar. Ella reparó en los extraños tics de él, ¡qué dulces le parecieron!Cuesta creer que, con lo difícil que es para un bicho raro iniciar la conversación con un extraño, a los pocos segundos ya estaban hablando de antidepresivos y ansiolíticos, como si se conociesen de siempre:
-A mí el diazepam es el que mejor me va…
-¡Quita, quita!: ese lo tomaba yo antes, y nada…: ahora me tienen que dar uno más fuerte.
-Una ventaja de la fluoxetina es que te elimina en parte el deseo sexual, y si no deseas eres un poquito más feliz.
-Sí, tienes razón…: pero a mí la fluoxetina me hace el mismo efecto que si tomase leche merengada…
Ella quedó impresionada al encontrar a alguien que tenía una visión de la vida más pesimista, si cabe, que la suya. Además cada vez le parecían más encantadores aquellos tics y raros rituales de aquel chico. Él observaba aquellas ojeras negruzcas de ella que tanto contrastaban con la palidez de la piel del rostro, y notaba en las fibras de su interior que se estaba enamorando...
Y así se conocieron. Ahora se pasan las tardes en el parque, cogidos de la mano y llorando juntos (bueno, ella, debido a su trastorno, intercala las lágrimas con las risas, pero a él no le importa).






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